Lassie: ¿un mito o realidad?

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Lassie: ¿un mito o realidad?

Category : Texto

Desde que somos pequeños, nuestros padres y los adultos en general nos insertan un chip, medido en palabras, el cual señala que los perros tienen un solo objetivo en la vida: “complacer al dueño”. Falacias como éstas son las que han llevado a tener tantos problemas con los compañeros caninos y a que nosotros, los adiestradores, tengamos cada día más trabajo.

A veces me pregunto por qué nuestros abuelos y bisabuelos no necesitaban de adiestradores caninos en sus hogares, haciendo de “intermediarios” entre los dueños y sus perros. La respuesta parece estar en la perspectiva que esas personas tenían sobre los compañeros de cuatro patas. No los consideraban parte de la familia, los consideraban mascotas. Pero por sobre todas las cosas, los tomaban como una especie distinta a la nuestra. No digo que entendieran el concepto de especie ni nada por el estilo, solo considero que eran conscientes de las grandes diferencias que nos separan. Si de algo está seguro mi abuelo, o lo estaba mi abuela, es que un perro es un perro. Por más que yo hable en su lugar (aunque resulte sorprendente muchos dueños, incluyéndome, lo hacemos), que proyecte sentimientos propios en ellos o haga todo tipo de acciones que humanicen al perro, esta especie seguirá siendo lo que es. Y gracias a Dios que son perros, gracias a Dios que no pertenecen a algo tan rebuscado y complicado como el humano. De hecho, uno de los factores o características que hacen que los queramos tanto es justamente eso, su lejanía respecto a nuestra forma de ser o ver el mundo. Un can puede acompañarte en todo momento de tu vida, obteniendo a cambio lo mínimo en cuanto a refuerzos para poder sobrevivir.

Pero volviendo al tema con el cual inicie esta parte del escrito, quisiera citar una frase de una autora excelente, Jean Donaldson, que ha escrito un libro excelente en donde señala lo siguiente: “Los perros aprenden de las consecuencias inmediatas de sus acciones y de la asociación de eventos que ocurren en ese instante”. A veces escucho a mis clientes decir que su mascota quiere complicarle la vida, que lo único que busca es hacer cosas que lo molesten, o que le rompe el sofá de miles de pesos porque lo deja solo durante cinco horas al día. Nada mas desacertado que éste concepto con relación a los perros. Como dice la frase, aprenden de consecuencias inmediatas, es decir, una vez que se ha ido el dueño de casa, aquello que el perro gusta de realizar puede hacerlo porque no se encuentra el posible castigo presente (su dueño).

La misma autora, en el mismo libro, comenta una hoja después: “cuando el amo esta de buen humor, nada malo puede pasarme”. ¿Se refiere a que quiere complacerme de puro altruista? No. Significa que hará lo que sea necesario para obtener lo que le resulta placentero y útil para subsistir, como por ejemplo, darme la pata para que le dé un pedazo de galletita.

El perro, como especie, es una de las más inocentemente egoísta. Egoístas porque solo buscan lo necesario para su subsistencia, no les interesa de qué forma lleguen a ellos (aunque prefieren evitar la disputa física por cuestiones económicas), lo único que importa es obtenerlas. Si es complaciendo al dueño al traerle el diario, así será todo el día. Imaginemos a un pequeño Jack Russell, corriendo hacia la caja del cartero de su casa, pensando por dentro: “Si le llevo el diario me da comida, si le llevo el diario me da comida, si le llevo el diario me da comida”. Ahora, supongamos que se topa con el hijo de su dueño, un pequeño molesto de 4 años de edad que lo único que quiere es levantarlo y jugar con él. El niño estará intentado sostenerlo en sus brazos, mientras que el perro se retorcerá intentando escaparse al mismo tiempo que piensa: “Soltame, tengo que a ir a buscar el diario para conseguir comida”. Finalmente, el niño entenderá que no consigue nada por la fuerza (en el mejor de los casos y bajo una buena educación) y tomará una golosina de perro de la mesada. Instantáneamente, como por arte de magia, el perro se volverá hacia él pensando: “Ahora nos entendemos” y hará todo lo que el niño le pida. Existe la posibilidad que el premio y el vínculo que posea con su dueño sea mayor que el estímulo que el pequeño le está presentando como nuevo. En ese caso, es más que probable que el perro decida desistir de esa opción y vaya a buscar el diario.

Una vez leí una frase de Donaldson, del mismo libro, en donde indica que Skinner tenía toda la razón, pero lamentablemente muy mala fama. B. F. Skinner, para los que no lo conocen, fue un psicólogo, filósofo social y autor estadounidense, quien trabajó como pionero en la Psicología experimental y defendió a ultranza al Conductismo, una de las ramas de pensamiento de la Psicología. Este hombre, creador de las famosas teorías de aprendizaje y elemento indispensable de ahondar a la hora de estudiar adiestramiento canino, formó conceptos tales como el condicionamiento operante y el condicionamiento clásico, entre otros. Él consideraba que si a un animal se le condicionaba determinada respuesta (de ahí el nombre de condicionamiento operante), éste repetiría la acción anterior inmediata a haber recibido el condicionamiento o, en el caso contrario, si el condicionante hubiera sido un “castigo”, disminuiría la probabilidad de repetir dicha respuesta.

Cuando Donaldson señala que Skinner tenía mala fama o mala prensa se refiere a la diferenciación entre el Conductismo y las grandes empresas televisivas como Walt Disney. Como decía anteriormente, desde chicos vemos películas tales como “La Dama y el Vagabundo”, “Lassie”, “Pluto”, “Rin Tin Tin”. Si le sumamos a esta información las falacias enormes que recibimos de los adultos respecto a los perros es muy obvio que hoy día no haya personas jóvenes o de mediana edad capaces de entender que hablamos de cosas muy distintas cuando nos referimos a los canes.

Como conocedor de ciertos conceptos psicológicos, no puedo dejar de pensar en que al igual que los perros reciben un backup cerebral a lo largo de toda su vida basado en la experiencia, nosotros, los humanos obtenemos lo mismo mediante películas o comentarios de los mayores. Y no solo es la cabeza de los chicos el problema. Los grandes consumen cada vez más programas como “El Encantador de Perros”, en donde Cesar Mellán explaya toda una teoría basada en explicaciones erróneas o poco acertadas de los términos dominancia, líder y manada.

Quiero terminar éste segmento del escrito dando un ejemplo de una mis asistencias a las prácticas junto con Pablo, mi profesor. Nos tocaba ir a provincia de Bs. As., a ver a un cachorro, por el cual habían llamado a Pablo. El problema principal del cachorro de 9 meses eran los ladridos nocturnos, alrededor de las 4 de la madrugada, que no dejaban dormir a nadie. Y otro motivo importante era los destrozos que hacía en el patio, lugar donde pasaba la mayor cantidad del tiempo.

Llegamos a la casa y luego de haber hecho un par de consultas y de demostrar que el cachorro entendía las órdenes, pero le faltaba educación y trabajo frente a la frustración y ansiedad, uno de los dueños señaló (irónicamente), al ver que el adiestrador convencía al perro de hacer las piruetas que deseaba a cambio de un pedazo de salchicha que sería conveniente comprar un carro entero de este alimento. Pablo, pensando un montón de respuestas en su cabeza, atinó a decir la más acertada que podría haber dicho: “Si, conviniese afiliarse a la Serenísima”. ¿Qué quiso decir? Buscó reforzar el pensamiento que el hombre estaba teniendo. Demostrar que con solo un pedazo de salchicha puede generar cosas maravillosas en nuestros perros si salimos por unos segundos de nuestro pensamiento humano e intentamos ponerlos en el lugar de la conducta canina.


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