Me va a hacer caso porque yo lo digo, el macho alfa

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Me va a hacer caso porque yo lo digo, el macho alfa

Cuantas veces habré escuchado esta frase en boca de humanos. Esta es una de las máximas que ha llevado a que aquellos adiestradores que trabajan con collar de ahorque y con métodos aversivos tengan tanto “éxito” (mejor dicho, dinero).

Hace algunos años, cuando decidí averiguar por cursos de adiestramiento entré en varias páginas que, a simple vista, me parecían interesantes. Luego, en la calle, veía a un adiestrador trabajando con un perro tirando de un collar de púas o de una correa de ahorque y frente a él un pobre cachorro asustado y extasiado de tanta agresión. Desistí al instante. No quería eso. Quería otra forma. Siempre fui un inconformista de la vida, siempre creo que hay algo mejor por hacer. Tardó años, pero mi respuesta llegó. Conocí a Pablo y vi un modo de trabajar distinto. Lo llamé porque leí cada uno de sus artículos, publicados en su página y en el Facebook y me llamó la atención el tinte psicológico que tenía. Y no le erré, una de las primeras cosas que me dijo cuando llegó a mi casa fue “yo no trabajo con métodos aversivos, castigos ni nada que se le parezca, me manejo solo con premios”. Al instante entendí que ese era el camino correcto.

Los métodos aversivos consiguen únicamente exaltar más al perro para mal. Son muchas las fotos de perros con su adiestrador de método clásico o “antiguo” que aparecen en páginas de escuelas de adiestramiento con cara de aterrado mirando al dueño esperando que algún momento éste tire de la correa y propague sobre él un dolor insoportable.

Con el curso de adiestramiento que realicé y la práctica con mi perro me di cuenta que no hace falta obligar a un perro a realizar una conducta. Simplemente puedo convencerlo de que es lo mejor que podría realizar de una forma sana y saludable para ambos. Un premio, una motivación correcta, un estímulo interesante para las mascotas es suficiente incentivo para conseguir las mejores actitudes por parte de los canes. No solamente obtendré erradicar los problemas de conducta y comportamiento, que aprenda cosas nuevas, que disfrute de hacerlas sino que además tendré como plus un perro emocionalmente saludable, ansioso de trabajar y contento de seguir las órdenes de su dueño.

Otras de las teorías que quiero derrocar en este subtítulo es la de “macho alfa”. Este concepto fue acuñado por un reconocido etólogo, David Mech, en los años setenta. Mediante la realización de un estudio sobre el comportamiento de los lobos acuño este término en base a la jerarquía que estos formaban llamando al líder de la manada “macho alfa”. Años después, horrorizado por los destructivos usos con los que se usó ese término, Mech decidió hablar en público explicando que esa denominación fue algo arbitrario que decidió utilizar él para designar a un lobo en particular.

Debemos saber, en primer lugar, que los lobos no se parecen en casi nada a los perros, comparten muy pocas cualidades y conductas. Los perros no aúllan tanto como los lobos. Lo hacen poco y a cada vez menos. No son tan territoriales como los lobos, no forman jerarquías tan estáticas y son, por excelencia, el animal más social con el humano. Que el perro descienda genéticamente del lobo no quiere decir que sea la misma especie, ni siquiera una subespecie. De hecho, su supervivencia y victoria evolutiva se debe, en gran proporción a que no comparten las cualidades conductuales de su antepasado.

Por otro lado, hablemos de qué es ser un líder. Para los lobos, el líder es aquel capaz de dirigir a la manada hacia las situaciones que beneficiarán su subsistencia, que ampliará las posibilidades de sobrevivir en el entorno en el que se encuentren. Un lobo líder no come solo hasta hartarse dejando las sobras al resto de la manada, como creen la mayoría de los fanáticos de esta teoría, selecciona la parte que quiera de la presa (por ejemplo, el hígado que posee propiedades proteicas que le ofrecen gran cantidad de energía). Si esto fuera así el lobo alfa, como algunos lo llaman, quedaría solo, por egoísta, estúpidamente egoísta y el resto de la manada lo dejaría sin séquito. Por esto y por muchas cosas más se utiliza de forma incorrecta este concepto en el adiestramiento de perros. Que hay problemas por dominancia y territorialidad es cierto, pero no se explica ni soluciona desde la concepción del “macho alfa” de Cesar Mellán.

Finalmente, toca hablar del concepto de “macho dominante”. Un macho dominante es aquel que no necesita demostrar su poderío o liderazgo. Es decir, puede hacerlo, pero no es la única opción disponible en su cabeza. La dominancia no implica la agresividad. Un perro que quiere dominar a otro no recurre a la agresión. Porque resulta ser lo más caro en términos económicos de supervivencia. Cuando en un grupo de perros vemos a un Schnauzer enano ladrar desquiciadamente frente a un Golden Retriever que lo ignora por completo es fácil darse cuenta quien es el dominante para un adiestrador que entiende estas concepciones. Sin duda, el Golden. ¿Por qué? Porque seguramente el pequeño ladrador esté intentando suplir la falta de seguridad (puede sentir frustración, inseguridad, miedo, stress) en sí mismo con una conducta que entiende le dará resultado gracias a antiguas experiencias. Por otro lado, el Golden, seguro de sí mismo y de su capacidad de liderazgo no necesita mostrar los dientes, con tan solo girar la cabeza, voltearse y seguir caminando conseguirá lo que el compañero está intentando hace diez minutos sin conseguirlo por otros medios. A diario vemos estas escenas en la calle entre los humanos. Aquellos que gritan a otra persona, por lo general, son los más inseguros. Los que mantienen distancia, se quedan mirando y no realizan ninguna acción están seguros de sus capacidades pero no les hace falta demostrarlo.


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