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¿Qué sueñan los perros?

¿Los perros sueñan? ¿Tienen pesadillas? ¿Sueñan con nosotros u otros pares? ¿Quién no ha visto a su perro moviendo las cuatro patas como si estuviera corriendo mientras duerme y no se ha preguntado con qué o quién estará soñando? ¿Por qué a veces mi perro gruñe o ladra tímidamente mientras duerme?

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Todos estos interrogantes circulan a menudo por la cabeza de muchos dueños y especialistas caninos. A veces, de noche, mientras me quedo leyendo o viendo televisión, escucho que mi Shar Pei de dos años empieza a emitir sonidos y/o vocalizaciones semejantes a un llanto ahogado o a un quejido, otras veces observo que mueve las patas simulando una carrera. En algunos, me acerco hacia él y con voz suave lo despierto. Otras veces, simplemente dejo que continúe su sueño sin molestarlo. Lo gracioso de la situación es que en algunos casos se despierta sobresaltado como quien se despabila de una larga pesadilla y no entiende dónde está ni qué hora es.

Los perros, según diversos estudios realizados por neurólogos veterinarios y especialistas, entran en una fase de sueño llamada “onda lenta”, intercalada con sucesivos períodos de “sueño profundo” o REM (movimientos oculares rápidos). Se han comparado los encefalogramas de análisis humanos con los de algunos perros y se han encontrado ciertas similitudes que llaman la atención.

Según lo analizado en los resultados de los encefalogramas de los perros el sueño de “onda lenta” se ve algunas veces interrumpido por fases de REM donde, se daría por entendido que el perro “sueña” o posee una actividad cerebral mayor (esto es bastante similar al dormir humano). Aunque no sabemos, a ciencia exacta, si efectivamente “sueña” con imágenes mentales como nosotros, podemos generar diversas hipótesis acerca de lo que sucede en este momento. Los perros son capaces de procesar entre 100 y 150 palabras, algunos expertos incluso amplían esta cifra. Esta cualidad se refiere a un patrón de pensamiento cognoscitivo como la habilidad de reconocer conceptualmente una pelota por una “pelota”, de generar una imagen mental. Es decir, cuando le pido a mi perro que busque la “pelota”, si está entrenado y ha aprendido el “significado” de la palabra mencionada la traerá sin ningún inconveniente. Por ende, podemos asumir que nuestros perros tienen imágenes mentales que se forman en su cerebro. Si nos fiamos de esto sería posible que el perro pueda reproducir durante el sueño imágenes mentales de conceptos que le resultan placenteros o displacenteros.

Lamentablemente no podemos saber qué sueñan los perros (en caso de que esto sucediera efectivamente), si tiene pesadillas o sueños placenteros. Si nuestro perro gruñe o ladra no tiene porqué referirse exactamente a un momento de peligro, sino tal vez, al de caza o persecución de presa. Por otro lado, si nuestro perro estuviera moviendo las patas, simulando que “corre” mientras duerme, podríamos hipotetizar que está persiguiendo a un conejo o que está siendo perseguido. En consecuencia, no podemos discernir de qué van los sueños de esta hermosa especie.

Dormir es sumamente importante y necesario para todo ser vivo. Permite fijar aprendizajes, relajar la mente y descansar el cuerpo. Es el momento del día en donde todo mamífero logra “acomodar las ideas”.

Una de las características genéticas más destacadas que ha conservado el perro en comparación con el lobo es la vigilia o los momentos de la misma. A pesar de que esta cualidad ha sido modificada genéticamente a través de los años de evolución es conservada hasta la actualidad. El perro intercala períodos relativamente cortos de sueño con momentos de vigilia. Este rasgo está arraigado en la necesidad de sobrevivir, manteniendo al perro en alerta frente a cualquier peligro latente.

 

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Caperucita y el lobo (perro), ese mito cultural.

Hace unos días asistí a una Jornada Multidisciplinaria titulada “Perros Potencialmente Peligrosos (PPP)”, la cual fue disertada en la Facultad de Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires.
La temática central, como podrán discernir por el título que acompaña era hablar desde diferentes perspectivas sobre la cuestión de los perros agresivos. Hubo interesantes invitados: sociólogos, antropólogos, doctores en Psicología, etólogos, médicos veterinarios y un abogado y juez.
La cuestión de la agresividad en los perros es un tema bastante desgastado en nuestra sociedad. Todo el mundo sabe (o mejor dicho, “cree saber”) sobre la agresión canina y los motivos que la causan. Cada sujeto tiene una respuesta a porqué un perro ha mordido a su dueño o a otro can. Muchos son los que recurren a la desdichada frase “mi perro es agresivo porque es el más dominante” y sus símiles. Otros hablan de “liderazgo”, de “jerarquía”, de “perros alpha” y muchos otros conceptos escupidos a diario en la televisión por programas que lo único que buscan es sumar súbditos a su rating. Otros más osados dicen irguiendo el pecho: “mi perro sabe quien manda en casa”. A veces, no voy a negarlo, me agarran náuseas. Todos tienen algún conocido adiestrador o alguien que adiestró a su perro y que explica a modo de los 10 mandamientos cómo uno debe demostrarle al perro que el que manda en la casa es uno mismo.
Sin desviarnos del tema, quisiera comentar que entre las tantas charlas que se dieron ese día, en la Jornada, me llamó la atención una que estaba enmarcada con el título de “Percepción social del peligro: la construcción del mito”, a cargo de un Sociólogo. Brevemente explicaré que el disertante dispuso la charla en torno a la creación del mito, desde épocas antiguas hasta hoy. Asimismo, plantea una doble cara del mismo, aquella que tiene que ver con lo real e instintivo (como el miedo al fuego) y la que se refiere al “mito social” o cultural, es decir, aquel creado y originado como consecuencia de un constructo social. Planteó una idea clara, en donde aclaró que, dependiendo de grupo social en el que estemos insertados el «miedo» variará su forma adecuándose a las características sociales del grupo en cuestión. ¿A qué vamos con esto? Si entro a un aula de chicos de 5 años y pregunto por sus miedos, probablemente encuentre en mi lista fantasmas, el cuco, el viejo de la bolsa, monstruos, entre otras. Por otro lado, si voy a un habitación donde encuentro gente mayor o de tercera edad encontraré miedos completamente distintos (por ejemplo: muerte, cáncer, enfermedades, preocupaciones sobre hijos y nietos). A esto vamos, a que de acuerdo al grupo el miedo cambiará y mutará de acuerdo a sus creencias y conocimientos generales.
¿Qué tiene que ver todo esto con nuestros queridos perros? Lean el título nuevamente, Caperucita y el Lobo es un cuento de hadas donde Caperucita será devorada por un malvado y agresivo lobo. Tiempo adelante el niño aprende que el lobo y el perro tienen mucho en común, por lo tanto, por asociación, toda esta carga negativa será derivada del lobo al perro. ¿Qué queremos decir? Somos nosotros, adultos “responsables” quien fundamentamos y reforzamos el miedo al perro, a su agresión y a sus ataques. No sabemos como manejarnos con perros agresivos y recomendamos a nuestros hijos que se alejen. Como padres y madres debemos explicarles a los niños los pro y contras de acercarse a un perro desconocido, la forma de hacerlo, los cuidados que debemos tomar.
Pero no solo me refiero a esto. Hoy en día, nuestra sociedad considera al perro agresivo como un ser totalmente enajenado, el cual no puede obtener ningún tipo de cura. La realidad es que un perro agresivo, siempre será un perro agresivo, pero no por eso se debe convertir en un monstruo, debe tomarse como lo que es, un ser vivo que bajo determinadas circunstancias tiende a responder de modos poco sociales y más relacionados con lo salvaje. La agresividad se convierte en un hábito, un hábito arraigado en lo instintivo, por lo tanto, no es curable al 100%, pero uno puede trabajar en pos de generar hábitos saludables y correctos que solapen a los perjudiciales y nocivos.
Para cerrar este artículo, a modo de conclusión, quisiera dejar en claro que todo perro agresivo es un problema a resolver por sus dueños. Un problema que implica responsabilidad, reconocimiento del inconveniente, aceptación y remangarse las mangas a diario.
Convivir con un perro agresivo implica un potencial peligro y es por eso que, en pos de buscar una mejor vida para ese ser vivo, debemos tomar las medidas necesarias. Bajo ningún motivo debemos considerar que el perro reacciona de esta forma por gusto o por “maldad”, debemos entender que nuestro can ha llegado a esto debido a un aprendizaje (un mal aprendizaje) de las cuestiones sociales y manejo y control del entorno.
Personalmente y bajo mi perspectiva de trabajo busco trabajar no solo lo conductual en un perro agresivo, sino y sobre todo, su lado emocional. Un perro agresivo, por lo general, es un bicho que se encuentra destrozado emocionalmente, que no logra entender correctamente los estímulos que el entorno le presenta. Por eso es sumamente necesario que utilizando la obediencia y la conducta le enseñemos a nuestro perro a entender el entorno de una manera distinta, positiva y natural.

Adiestramiento Canino Lobo


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Me va a hacer caso porque yo lo digo, el macho alfa

Cuantas veces habré escuchado esta frase en boca de humanos. Esta es una de las máximas que ha llevado a que aquellos adiestradores que trabajan con collar de ahorque y con métodos aversivos tengan tanto “éxito” (mejor dicho, dinero).

Hace algunos años, cuando decidí averiguar por cursos de adiestramiento entré en varias páginas que, a simple vista, me parecían interesantes. Luego, en la calle, veía a un adiestrador trabajando con un perro tirando de un collar de púas o de una correa de ahorque y frente a él un pobre cachorro asustado y extasiado de tanta agresión. Desistí al instante. No quería eso. Quería otra forma. Siempre fui un inconformista de la vida, siempre creo que hay algo mejor por hacer. Tardó años, pero mi respuesta llegó. Conocí a Pablo y vi un modo de trabajar distinto. Lo llamé porque leí cada

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Mira quien habla también

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Category : Texto

La comunicación con los perros ha sido motivo de conflictos entre dueños y mascotas hace ya varios años. Nuestra incomprensión para con ellos es inmensa en comparación a lo que ellos han aprendido de nosotros. ¿Quién puede decir que su perro nunca lo miró y entendió al instante lo que le sucedía? Esto se debe a que los perros han aprendido a leer sutiles movimientos físicos del humano. Desde una ceja levemente levantada hasta un guiño de ojo o una sonrisa enorme de oreja a oreja. Para nosotros, los humanos, ver a otra persona levantar levemente la ceja puede no significar nada. Sin embargo, para los perros, los sabios del lenguaje corporal es mucho más que un centímetro de diferencia. Los canes usan las señales corporales para expresar sus intenciones en todo momento.

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Lassie: ¿un mito o realidad?

Category : Texto

Desde que somos pequeños, nuestros padres y los adultos en general nos insertan un chip, medido en palabras, el cual señala que los perros tienen un solo objetivo en la vida: “complacer al dueño”. Falacias como éstas son las que han llevado a tener tantos problemas con los compañeros caninos y a que nosotros, los adiestradores, tengamos cada día más trabajo.

A veces me pregunto por qué nuestros abuelos y bisabuelos no necesitaban de adiestradores caninos en sus hogares, haciendo de “intermediarios” entre los dueños y sus perros. La respuesta parece estar en la perspectiva que esas personas tenían sobre los compañeros de cuatro patas. No los consideraban parte de la familia, los consideraban mascotas. Pero por sobre todas las cosas, los tomaban como una especie distinta a la nuestra. No digo que entendieran el concepto de especie ni nada por el estilo, solo considero que eran conscientes de las grandes diferencias que nos separan. Si de algo está seguro mi abuelo, o lo estaba mi abuela, es que un perro es un perro. Por más que yo hable en su lugar (aunque resulte sorprendente muchos dueños, incluyéndome, lo hacemos), que proyecte sentimientos propios en ellos o haga todo tipo de acciones que humanicen al perro, esta especie seguirá siendo lo que es. Y gracias a Dios que son perros, gracias a Dios que no pertenecen a

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Bajo la mirada canina

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Cuando comienzo mis clases de adiestramiento, repito hasta el cansancio una frase corta y concisa que, a medida que pasa el tiempo, me intereso en explicar detalladamente al dueño: “El perro tiene un solo objetivo en su vida; maximizar refuerzos y minimizar castigos”.

La gente me mira, a veces girando la cabeza levemente hacia un costado, como he visto hacer más de una vez a mi Shar Pei de año y nueve meses, intrigada por la frase que acabo de decir. Creo que algunos ni siquiera siguieron el hilo de la frase y se quedaron en “objetivo”. Sin embargo, otros, tal vez con mayor claridad de conceptos capta al instante la frase y entiende de qué va la cosa.

Desglosemos la frase. Cuando hablo de “un solo objetivo en la vida” me refiero a una vida evolutiva y darvinista donde lo que prima, el impulso de su vida, es la supervivencia en el ámbito que se encuentre. Un perro puede encontrarse en Afganistán combatiendo cuerpo a cuerpo con sus compañeros humanos soldados, en Palermo Soho paseando con su dueña que salió de compras o viviendo en la calle junto a un compañero bípedo sin hogar. Indiferentemente de cual sea su situación, lo único que querrá es sobrevivir, al costo más económico en términos evolucionistas y físicos posibles.

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